TRANSICIÓN POLÍTICA|MEMORIA HISTÓRICA


LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA COMO LEY DE PUNTO FINAL ENCUBIERTA.

La clase política que comienza pilotando la Transición Política en 1976 en España se lanza a elaborar un amplio consenso entre la sociedad española para dilucidar qué ha sido y qué ha significado la Dictadura de Franco en la Historia inmediata de nuestro país. Más que una explicación basada en la verdad, el embrión de sistema político que se estaba fraguando en aquel período de la Historia de España, termina diseñando una verdad más o menos consensuada con todas las partes implicadas donde la Dictadura del General Franco queda más que explicada, disimulada, casi caricaturizada.

Quizás los políticos en ciernes intentaron no irritar demasiado a la cúpula militar (muchos de los generales y mandos de alta graduación habían sido vencedores de la “Cruzada” como denominaban a la Guerra Civil 1936-39). Quizás tuvieron una altura de miras que muchos no llegamos aún a entender. El caso es que esta operación casi didáctica de desdibujar la trágica realidad que significó la Dictadura fue una de las estrategias de mayor éxito llevadas a cabo por la clase política del momento. Tan es así, que consiguieron inocular en la opinión pública (recién estrenada) la sensación de que la Dictadura del General Franco no fue tan terrible y que se trató más bien de una dictablanda, una especie de régimen autárquico de carácter bonancible, al mando del cual se perpetuó a lo largo de 40 años un abuelete senil y malintencionado que no dejaba votar a los españoles. En fin, que se trataba de un régimen “neutro” que impedía la modernidad del país pero que por lo demás, te dejaba tranquilo si no te metías en política.

Esta obsesión por lograr el consenso a base de amnesia histórica y maquillaje ideológico, se nutrió de la necesidad del nuevo modelo político español de que los futuros votantes de 1977 interiorizaran mensajes que evitaran un análisis sereno pero necesario del pasado más reciente de España. Mensajes del tipo: “…para evitar de nuevo la división entre hermanos” “…debemos acabar de una vez por todas con las dos Españas” o “nunca más luchas fratricidas entre españoles”. Como si la búsqueda de la verdad y el análisis de un pasado falto de libertades y sobrado de crímenes, estuviera reñido con la construcción de un futuro automaticamente democrático. Y todo en busca de conseguir integrar en la sociedad española próxima a 1978 una especie de Ley de Punto Final encubierta y aceptada implícitamente por todos, donde cabía desde la amnistía social y económica a la familia Franco (que jamás ha sido realmente investigada), pasando por el mantenimiento público de estatuas y nombres de calles y avenidas del dictador hasta la imposición de la monarquía como un hecho consumado, eliminando la posibilidad de elegir la República como forma de gobierno y obviando la situación legal y legítima del Estado Español en el período 1931-1939.

LAS LINEAS ROJAS DE LA TRANSICIÓN POLÍTICA | DE KISSINGER A WILLY BRANDT.

Volviendo a la etapa de la idealizada y sobrevalorada Transición Política, hoy es sabido por todos y reconocido por muchos de los protagonistas de la Transición, estaban más preocupados en ir y venir a las embajadas de EEUU y Alemania Federal en Madrid que en ajustar cuentas con el Régimen anterior. Según cuentan los propios archivos desclasificados de EEUU, las embajadas de estos dos países eran referente obligado para la nueva clase política española, que las visitaban de forma habitual, no se sabe, (aunque se intuye) si en busca de orientación, instrucciones o financiación.

Hemos de tener muy en cuenta que el gobierno de Estados Unidos no quería que el proceso democrático en España tomara tintes ajenos a sus intereses. A nadie se le escapa a estas alturas las estrechas relaciones entre E. Kissinger y el entonces Príncipe J. Carlos al que se supervisaba amablemente desde Washington. Los americanos aún estaban consternados y sorprendidos por los problemas que les estaba causando el P.C.P. (Partido Comunista Portugués) y la reciente Revolución de los Claveles en Portugal.

EEUU no quería que el caso español tomara derroteros similares al luso, sobre todo estando en juego intereses como la integración de España en la OTAN. En cuanto a Alemania, país que ya se adivinaba como el epicentro de la actual UE, todo el mundo sabía por aquel entonces de su influencia, asesoramiento y financiación al PSOE y a la UGT mediante la Fundación Ebert y la propia Internacional Socialista de Willy Brandt. Era como si EEUU y la propia Alemania expidieran carnets de país homologado según las reglas del juego imperantes en el mundo occidental. La clase política española dedicó grandes esfuerzos a buscar esos estándares en el concierto de los países de su entorno y muy poco tiempo en ajustar cuentas ideológicas y jurídicas con el Régimen de Franco.

Nada nos debe impedir sin embargo, reconocer y valorar los méritos innegables de una clase política que inició un difícil camino hacia las libertades públicas y la democracia, en un país donde estaba todo por hacer. Pero tampoco hemos de ignorar y dejar de reconocer que la Transición Política Española (1977-1982), tan modélica, tan del pueblo, tan pacífica y tan estudiada en las facultades de Ciencias Políticas, estaba ya encauzada, condicionada y rediseñada en sus parámetros generales, y que ya se habían determinado desde el exterior de España las “líneas rojas” que no se debían cruzar: NO a la República, NO a las alianzas con el PCE y SI a la OTAN.

El cambio político en el nuevo Estado Español quedaba así fuertemente determinado desde los centros de poder, tanto en su nivel interno (bunker tardofranquista y Estado Mayor del Ejército) como en su nivel externo: los condicionantes económicos y políticos expuestos e impuestos amablemente por EEUU y la R.F.A, ambos exponentes del status quo imperante en el aquel momento histórico donde (no debemos olvidar) aún estaba en pie el Muro de Berlín.

LA MEMORIA HISTÓRICA COMO PRINCIPIO DEMOCRÁTICO.

el 27 de Septiembre de 1975 aún se produjeron fusilamientos en España por el Régimen Franquista, tan sólo 20 meses antes de las primeras elecciones democráticas del 15 de Junio de 1977. Este es el relato que hizo el párroco de la localidad de Hoyo de Manzanares:

“Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó.”

Acontecimientos violentos como estos asesinatos producidos en los estertores de la Dictadura Franquista y otros hechos viles y detestables que se gestaron desde el advenimiento de la II República en 1931 deberían explicarse en las escuelas y universidades para que las nuevas generaciones (y algunas de las antiguas) tomen conciencia de que nada es gratis.

El problema político y sobre todo el problema sociológico de la ciudadanía en la España actual es que no sabemos bien de dónde venimos, no se ha explicado bien la España heredada de 1975, quizás de esta manera se hubiera valorado en su justa medida lo que significa un Régimen de libertades, un Régimen de ciudadanos libres y su diferencia con un Régimen de súbditos aborregados nacido de la decisión de desarrollar la idea de CONSENSO A TODA COSTA, consenso que obligó a la sociedad española a sufrir y seguir conviviendo con valores, actitudes y comportamientos franquistas durante muchos años. Más allá de las votaciones democráticas, seguíamos inmersos en una sociedad que giraba en gran parte sobre políticos franquistas, policías franquistas, jueces franquistas, un Código Penal franquista, un Rey legitimado por los franquistas, tumbas sin nombres de asesinados por franquistas, una Iglesia franquista y un largo etc. Todo en nombre de una pretendida concordia entre españoles.

Gran parte de los actuales problemas del sistema político e institucional de España se empezaron a gestar en ese preciso momento, en el momento que se renunció a la RUPTURA TOTAL con el tardofranquismo sociológico que impregnaba la economía, las instituciones sociales y religiosas, el Ejército, la policía o la adjudicatura. Sin mencionar la renuncia voluntaria que todo ello supuso para impulsar una sociedad más laica (Que no anticlerical), o el aplazamiento consensuado que los Padres de la Constitución le dieron a la cuestión vasca y catalana, pensando quizás, que se solventaría por sí sola con el paso del tiempo, dicho aplazamiento estuvo sin duda influenciado por la visión del ejercito sobre la unidad de la patria.

La gestación de una clase política tan nefasta, corrupta y sobre todo mediocre, no nace la maldad individual, nace de la herencia franquista enquistada en el sentido patrimonialista que los políticos y gestores de lo público poseen y desarrollan de manera cuasi natural, ya que se han socializado en ella. Además, también existe cierta falta de ética en la gestión de la función pública por parte de la ciudadanía en general, como consecuencia de las carencias educativas en materia de ciudadanía y valores éticos en democracia. Esta carencia educativa la estamos pagando a un alto precio las nuevas generaciones de españoles nacidos al amparo de la Constitución de 1978.

DE LA NECESIDAD DE UNA SEGUNDA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA EN ESPAÑA.

En el tardofranquismo, con los tecnócratas del Opus en el gobierno, si algún general retirado, estaba descontento o querían facilitarle un retiro dorado, Franco lo hacía nombrar presidente o directivo de cualquiera de las empresas públicas del por entonces INI (Instituto Nacional de Industria.). Cincuenta años después, las elites políticas siguen utilizando las mismas técnicas, sólo que lo llevan a cabo dentro de un régimen democrático. Es habitual observar nombramientos de exdirigentes políticos como altos cargos en las empresas más emblemáticas, empresas que de forma patrimonialista sigue considerando de su dominio, más allá de su naturaleza pública o privada. En plena democracia vemos desfilar por grandes empresas de telefonía, electricidad, banca o construcción, a una serie de ex cargos políticos que se instalan bajo la sombra de contratos millonarios.

No parece por tanto que se haya avanzado demasiado en valores éticos y en moral cívica desde la época de la Transición Democrática hasta nuestros días. Las empresas como Telefónica, Endesa o Gas Natural de hoy recuerdan demasiado al antiguo INI cuando este servía de refugio y coartada a personas faltas de decencia política.

Hay que explicar estas desviaciones de la norma a las nuevas generaciones, explicar sin odio, explicar sin acritud, pero enseñar la verdad desnuda, la verdad del precio que paga una nación por su falta de memoria histórica, por la corrupción sistémica, por la falta de moral ciudadana y el desprecio por la ética de lo público, de lo colectivo. Desvelar la verdadera naturaleza de la Dictadura Franquista, con toda su crueldad e injusticias, ayudaría a la concienciación de que democracia no es tan sólo votar cada 4 años. La constatación de que muchos hombres y mujeres perdieron la vida por unos ideales de justicia social e igualdad.

La constatación de que estamos dilapidando entre todos unos inestimables valores democráticos, quizás porque no los comprendemos ni valoramos en su justa medida, tal vez no nos dejaron conocer realmente cuanto dolor y sufrimiento hay tras ellos. Lo que ahora tenemos es la amnesia colectiva más conveniente, nuestros jóvenes poco o nada saben exactamente lo que fueron los Tribunales de Orden Público, ni la Brigada Político-Social, ni saben de las torturas y palizas en los sótanos de las comisarías de la policía franquista, ni las consecuencias ruinosas de la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes a personas y colectivos sospechosos no se sabe bien de qué. Ni saben de la lucha de los sindicatos en la España de los años cincuenta y sesenta en la España autárquica, o lo que fue el maquis y como sus miembros fueron cazados a tiros como alimañas en las montañas y las serranías de toda España por el ejército y las fuerzas represoras del Régimen Franquista.

 A MODO DE CONCLUSIÓN :LA RESPUESTA ESTÁ EN LA EDUCACIÓN CÍVICA.

De ahí, la necesidad de una Segunda Transición Política y de una regeneración democrática que parta desde los mismos cimientos del sacrificio que muchos hicieron y que sólo se implementa a base de educación y moral pública y laica al más estilo durkheniano.  Sigue existiendo en la política española demasiados “tics” tardofranquistas que han derivado en un peligroso sentido patrimonialista de los cargos y puestos del Estado y de una sensación de impunidad que sólo se da en Estados faltos de democracia interna, corruptos o fallidos, donde el Erario Público es esquilmado sistemáticamente por las élites preponderantes.¡¡ Que más parece que vamos todavía de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas.!! Se dice que el Dictador antes de morir comentó a sus allegados que lo dejaba todo “atado y bien atado”. A lo mejor no deberíamos reírnos tanto de su ocurrencia de psicópata octogenario, quizás si repasamos la historia de la Transición Política de España encontraríamos muchas fuerzas ajenas a la voluntad de la soberanía popular atando lazos.

Nota-
La única licencia que la clase política española se permitió en la época de la Transición fuera de esas líneas rojas marcadas sobre todo por los EEUU, fue la legalización del PCE, con enfado monumental de Kissinger, pero con gran visión por parte de Adolfo Suarez, que además de dar un carácter más real y creíble a la Transición, permitió que en las elecciones de 1977 el voto de la izquierda se dividiera entre PSOE y PCE y de paso creó una dinámica que a medio plazo ayudó a UGT a sentar las bases para imponerse a CCOO como fuerza sindical más influyente en el futuro más cercano.

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