MERCADO LABORAL Y MUJER TRABAJADORA.


La tenacidad, seña de identidad del colectivo de mujeres trabajadoras.

Desde un punto de vista cuantitativo pero también cualitativo, los periodos de crisis económica golpean a la mujer de forma más dura y en claves distintas que al hombre. Esto se debe en parte a que la mujer por su mayor interacción social en distintos roles (madre, esposa, ama de casa o trabajadora) se ve involucrada en múltiples escenarios sociales, especialmente los relacionados con la estructura familiar y de trabajo. En materia laboral y social las diferencias de género se han reducido y la dinámica social indica que con la incorporación de cada nueva generación de jóvenes a la educación primero y al mercado de trabajo después, la “brecha” entre hombres y mujeres tiende a ser menor. No obstante, la situación económica y laboral de los últimos años ha puesto de nuevo a prueba la capacidad y tenacidad de la mujer en todos los frentes, especialmente en el trabajo.

El “techo de cristal”sigue dificultando la igualdad de género.

Esto significa que el famoso “techo de cristal”, (así se denomina frecuentemente las limitaciones reales que la mujer encuentra para acceder a la igualdad real)  sigue existiendo como fórmula encubierta de burlar la legislación que el Estado a impulsos de la sociedad civil y fundamentalmente de la propia mujer, elaboró en su momento  para propiciar la discriminación positiva de la mujer.

La crisis ha enfatizado más aún si cabe la existencia de ciertas resistencias al cambio que se traducen en comportamientos sexistas en las empresas. Estas actitudes son una forma velada de discriminación de género muy difícil de probar desde un punto de vista legal.  Este “techo de cristal” debe ser combatido y atacado por todos los ciudadanos para que cada vez tenga más fisuras y termine por ceder, dando lugar a una verdadera equiparación salarial y profesional entre géneros,así como una mayor igualdad cultural en las responsabilidades familiares. A pesar de las dificultades, la equiparación se producirá si las tendencias previstas por los sociólogos se materializan a medio plazo, tendencias que indican que los cambios acelerados que están operando sobre el rol de mujer-trabajadora sólo serán entendidos e interiorizados si se analizan como parte de un todo: la continua trasformación de los distntos roles dentro de la “célula social” que es la familia. En este sentido la relación entre los datos de la pirámide poblacional de los últimos años y la masiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo, ofrece como resultado una fuerte correlación de estos parámetros respecto a las tasa de natalidad y nupcialidad resultante.

La mujer ha duplicado su actividad laboral en los últimos 25 años

La mujer ha apostado fuerte por su incorporación en plano de igualdad con el hombre al mundo activo de la economía y la empresa; según datos del INE, la mujer española ha duplicado en los últimos 25 años su actividad laboral a costa de tener la mitad de hijos; los mismos datos del INE indican que en caso de tenerlos, la horquilla de edad para ser madre se ha retrasado considerablemente. Como se deduce de los datos anteriores muchas mujeres han sacrificado la posibilidad de estructurar su vida en torno a una familia, pareja e hijos, para apostar por el desarrollo del trabajo y la entrega profesional. La responsabilidad de esta decisión debe ser compartida a partes iguales, entre la presión social del entorno y la propia disposición personal de cada mujer.

La crisis se cebó durante estos últimos años de manera dramática con toda la clase trabajadora, pero existe una proporción brutal de mujeres de entre 45 y 50 años que en los primeros embates de la crisis fueron despedidas de las empresas y sus empleos amortizados. Estas mujeres quedaron apartadas de forma inmisericorde del mercado de trabajo, despreciando todo un bagage de conocimientos y experiencia ya que la gran mayoría eran profesionales que cambiaron familia por implicación y compromiso total con su trabajo y su empresa y que ahora se encuentran en plena madurez, con la ausencia de una vida familiar plena y con un precario futuro profesional. Tremendo panorama el de estas mujeres que dedicaron muchos años a reivindicarse como mujeres y como ciudadanas de pleno derecho.

El sector servicios como nicho de empleo femenino

Es en el sector terciario de la economía donde se concentra el empleo femenino de forma más notable sobre todo en Servicios, liderado por el turismo y hostelería, que auque se encuentra en plena recuperación, ha sido en los últimos años precisamente junto con la construcción uno de los subsectores más sensibles a la pérdida de empleo.

Queda al margen de la tendencia discriminatoria el empleo femenino en el sector terciario contenido en las Administraciones Públicas, sobre todo en Sanidad y Educación. Pero en realidad la pérdida del empleo femenino ha sido fuerte en todos los sectores y puestos de trabajo, desde directivas, a obreras de fábrica, pasando por mandos intermedios de todo tipo de empresas, ya sean PYMES o grandes corporaciones. No debemos olvidar que la mujer es la base laboral de multitud de actividades irregulares, en la industria del calzado, el textil, confección y todo tipo de manufacturas. A esto hay que sumar el servicio domestico y la atención social a ancianos y enfermos crónicos, (aquí, a la condición de mujer se une frecuentemente la de ser inmigrante).

La economía sumergida lastra el despegue del PIB

El trabajo de la mujer es pues fundamental en la economía irregular española, que alcanza ya el 23% del PIB. Esa economía sumergida, arrastra al fondo en esa “inmersión” a su agente laboral más numeroso: la mujer.

Ya hemos resaltado la hostelería, (sobre todo la restauración rápida) junto con hoteles y turismo, como nichos típicos de empleo precario eminentemente femenino y donde abunda el trabajo inestable, a tiempo parcial y de baja retribución.

Como dato para la reflexión y el análisis desde una perspectiva de la sociología de la relaciones laborales se calcula que los efectos de la discriminación de género en la economía española, es decir, lo que cuesta la no equiparación salarial y profesional de la mujer, ronda los 140.000 millones de €. En efecto, esta es la partida económica que deja de aportarse al PIB español por tal motivo. En este sentido y en un más a más, no podemos dejar de mencionar el más conocido y peor evaluado de todos los trabajos, el trabajo doméstico, donde la mujer sigue siendo la referencia( obligada) de la unidad familiar. Este tipo de actividad al no estar salarialmente reconocida, es infravalorada por la sociedad en general. El importante volumen económico que supondría poner en valor esta activo laboral de la mujer contribuiría también con miles de millones de euros a incrementar el volumen y actividad de la economía española.

“Compartir para aprender y comunicar.”

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