LOS DISPOSITIVOS MÓVILES COMO HERRAMIENTAS DE TRABAJO.


Utilización de tecnología móvil como herramientas de trabajo.

El uso de los dispositivos móviles, smartphone, tablet, pc’s etc, en el quehacer diario de muchos trabajadores es un hecho consumado con el que hay que aprender a vivir y que ha sido aceptado como algo natural dentro de la actual dinámica de cambio que esta experimentando el mercado laboral. No obstante su uso y reglamentación es algo todavía no asentado en la negociación del contrato de trabajo, dando lugar a veces a toda clase de situaciones no contempladas.

Qué duda cabe que la utilización de los medios móviles en el día a día de los operarios de muchas compañías  imprime una mayor agilidad y precisión tanto a la productividad laboral como a la capacidad de tomar decisiones de manera rápida y efectiva.  Por otra parte, la utilización de elementos TIC en la dinámica laboral actual es algo que las nuevas cohortes de jóvenes trabajadores incorporan voluntariamente como elemento Carpenter talking on mobile phonedistintivo de la Sociedad del Conocimiento y de su propia identidad como primera generación propiamente tecnológica.

Actualmente ya no es posible imaginar una dinámica de trabajo que no contemple la interconexión con compañer@s, mandos de la empresa, clientes, proveedores e incluso con bases de datos que hagan posible la resolución de problemas en tiempo real. La utilización como herramienta de trabajo de teléfonos móviles, tablets, y toda clase de tecnología TIC es algo consustancial a la nueva realidad social y laboral del siglo XXI.

Ahora bien, admitiendo el carácter neutral y no conflictivo de la tecnología como principio teórico, es interesante plantearse cómo incardinar esta implementación de dispositivos móviles respetando la privacidad y el principio de buena fe contractual entre trabajadores y empresas.

¿Cuáles son las consecuencias legales del uso de herramientas TIC en el trabajo ?

Buscando situaciones similares en el mercado de trabajo de los siglos XIX-XX es cierto que en determinadas profesiones y ocupaciones laborales era costumbre que las herramientas y útiles de trabajo corriesen por cuenta del propio trabajador. Éste era responsable asimismo de las roturas y desgastes de dichas herramientas y por otro lado el empresario compensaba dicha situación pagando en el contrato una suma por tal motivo, este era el caso de carpinteros, ebanistas, albañiles, mecánicos y un largo elenco de profesionales y artesanos que mantenían esta situación como una tradición desde los tiempos de los antiguos gremios.

Hoy en día desde el punto de vista normativo es necesario que tanto la propiedad como el uso de los elementos móviles que están orientados exclusivamente al trabajo queden regulados contractualmente de tal manera que tanto empresas como trabajadores sepan exactamente a qué atenerse en cuanto a las responsabilidades de uso, roturas y pérdidas de estos dispositivos que en muchos casos alcanzan valores de cientos de euros.

Un aspecto más que controvertido es la mala praxis que resulta de la utilización de los dispositivos que pertenecen a la empresa, empleándolos indiscriminadamente para contactar con familiares y amigos o para la conexión con páginas web, apps, wasapts o redes sociales, etc, al margen de la actividad laboral y penalizando la productividad de las empresas.

Estas problemáticas forman parte sin duda de aspectos de índole sociológico que tienen que ver con la difuminación de las fronteras entre  lo público-privado y la construcción de la nueva identidad social de individu@s hiperconectados e hiperdependientes.

En un proceso de acción-reacción los comportamientos poco éticos en el trabajo son a veces contrarrestados por  las empresas con todo tipo de métodos. Así observamos a veces comportamientos también censurables, de empresas que intentando realizar un control de la productividad laboral, instalan en los dispositivos móviles de sus emplead@s programas que facilitan al empresario el control de presencia, las horas que trabaja conectado o el lugar exacto donde se encuentra el operario en cada momento de la jornada laboral. Más censurable resulta el hecho de que a veces dichos programas de inspección se instalan sin el previo conocimiento del trabajador vulnerando espacios de privacidad.

En ambos casos las correctas relaciones laborales tendrán su base en una comunicación efectiva entre empresa y trabajador, una delimitación clara de derechos y deberes en el contrato de trabajo en relación al uso y reglamentación de las herramientas TIC y la observancia por ambas partes de cierta dosis de ética del trabajo, aunque esto suponga remontarse a conceptos propios de otra época…..

“Comunicar para aprender y compartir.”

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