SOCIOLOGÍA DEL TRABAJO|LA EMPRESA COMO OBJETO DE ESTUDIO.


La empresa como origen de la nueva sociedad.

La Revolución Industrial en sus diversas manifestaciones potenció la búsquedacropped-diego-rivera-los-murales-industriales-de-detroit2.jpg de explicaciones a  los cambios sociales que se produjeron al calor de innovaciones tecnológicas, mejoras higiénico-sanitarias y nuevas corrientes de pensamiento. No cabe duda que la Sociología tiene su origen y caldo de cultivo en esta concreta y multilateral coyuntura histórica. De hecho, el conflicto y la dicotomía entre capital y trabajo que tiene como escenario el seno de las empresas es considerado de por sí uno de los primeros objetos de especialización sociológica. 

la Cuestión Social.

La emergencia del “ejército de reserva de trabajadores” (Marx), la mano de obra que por cientos de miles emigra a la ciudad en busca de trabajo, las masas obreras organizadas, el desarraigo y la marginación que produce el sistema, el nuevo modelo organizativo de fábrica-taller, etc, todo ello, alcanza la suficiente relevancia como para justificar la emergencia de la Sociología del Trabajo como disciplina con objeto propio de estudio. De tal importancia fueron en su momento las consecuencias no deseadas a que dió lugar el nuevo paradigma socioeconómico, que para la literatura de la época quedó definida como “La cuestión social”.*

Se considera por tanto la Sociología del Trabajo como una de las primeras formas de especialización de la nueva ciencia. La relación entre Revolución Industrial, sistema fabril y cambio social es causa del surgimiento de un campo de estudio propio dedicado al Trabajo como Institución central y a la problemática que generan las Relaciones Laborales.

La empresa como modelo de Organización.

Sabido es que el estudio de las Organizaciones por parte de la Sociología es todo un clásico, y en este sentido qué mejor prototipo de organización por antonomasia que la Empresa.

La empresa organizada es una estructura estable y a la vez dinámica en cuanto que alguno de sus componentes debe/puede tomar decisiones, mandar, o bien definir y fijar las metas u objetivos de dicha organización. La empresa en por tanto una organización modélica en cuanto que permite la interacción jerárquica entre sus partes al tiempo que hace posible cierta capacidad de cambio y flexibilidad para facilitar la contratación de recursos, su organización y supervisión de la burocracia administrativa-organizativa que haga posible que todo se ponga en marcha de manera coordinada.

Este esquema estructural clásico sirve en principio igual para definir un pequeño taller de cinco trabajadores que una gran factoría con cientos de obreros. Su seña de identidad fundamental es el carácter jerárquico y personalizado donde predominan las relaciones de tipo vertical y autoritario tanto en la toma de decisiones como en el control y dirección de los flujos de información.

Esta foto-fija de la estructura empresarial fue mayoritaria y representativa de una forma de entender el mercado, la competencia y la filosofía de las organizaciones empresariales desde mediados del XIX hasta el último tercio del XX. Efectivamente, la transición a formas de organización más participativas y modernas en las empresas tiene su origen en la crisis económica que se inicia a principios de 1973, aunque desde un punto de vista social ya se anunciaba desde la Revolución de Mayo del 68.

El fin del taylorismo y la calidad como nuevo paradigma empresarial.

Durante el siguiente cuarto de siglo las empresas comienzan lentamente a introducir un modelo organizativo y competencial que otorga al trabajador mayor margen de confianza y responsabilidad, todo ello sobre la base de aumentar su grado de compromiso y fidelidad hacia la organización, hacia la empresa.fabrica

Se abandona gradualmente los sistemas de producción en masa y la organización taylorista que había ocupado gran parte del s.XX para adentrarse en nuevas apuestas de organización del trabajo en las fábricas. Es el tiempo de la introducción de los llamados grupos de trabajo semiautónomos o de los círculos de calidad, es la hora de intentar un nuevo modelo de flujos de información, que ahora circula de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba primando la integración en el equipo por encima de las cuestiones jerárquicas. La flexibilidad es una valor en alza. 

El nuevo escenario socioeconómico de los años 80 y 90 del s.XX precisan un cambio en la estructura de las empresas, se precisa a todos sus elementos integrados en equipos ya que es la única manera de abordar el nuevo paradigma empresarial: la calidad y la búsqueda de la excelencia en la producción.

En función de conseguir calidad, se descentraliza la empresa para lograr más y más ágiles líneas de productos, para orientar la organización hacia el cliente. El segundo cambio importante es este, el cliente, que pasa de ser considerado en las estrategias empresariales un factor externo a ser considerado como elemento central de la dinámica organizativa.

Otros factores incipientes en los cambios empresariales y de mercado a través del último tercio del s.XX lo constituye la diferenciación y el just of time.  La producción muta poco a poco hacia la creación de una línea de productos para cada cliente a la que se dedica un equipo que funciona de manera autónoma y que se centra en fabricar y colocar en el mercado lo ya vendido, reduciendo el almacenamiento, aumentando la rotación de mercancía y dotando de mayor competitividad a la organización mediante la capacidad de responder de forma casi instantánea los cambiantes requerimientos del mercado.

Conclusión.

La empresa de finales del s.XX  tenía como referentes la excelencia, el cliente y la producción diferenciada. El trabajador no está ajeno a estos cambios acelerados, exponenciales casi, del trabajo y su organización. Existe un antes y un después en el mercado de trabajo, la negociación colectiva y el equilibrio de poder en las relaciones laborales. Todo lo que tiene que ver con los recursos humanos ha evolucionado al tiempo que lo hacían las empresas y su entorno.

Las empresas que impulsan la economía que se adentra en el primer tercio del siglo XXI nada tienen que ver con la producción en masa, las cadenas de producción en serie con miles de obreros o las grandes fábricas ruidosas y contaminantes del XIX, época en la que un dueño, generalmente integrante de una familia de empresarios por tradición, ejercía de forma personal y discrecional el poder absoluto en la empresa. Ciento cincuenta años de evolución organizativa y tecnológica ofrecen un panorama bien distinto del Trabajo y  la Empresa como Institución.

Se imponen otros esquemas estratégicos de competitividad: la organización en red, las UTE, la Globalización económica y cultural, la deslocalización, las empresas tecnológicas y otras formas empresariales que fluctúan a caballo entre la Sociedad del Conocimiento y el impacto de las NTIC en la propia cultura de las Organizaciones. De todo ello nos ocuparemos en próximas entregas.

* Para más información al respecto consultar mi artículo: Sociología. Origen y contexto histórico de una nueva ciencia.

“Compartir para comunicar y aprender”.

 

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