EL TRABAJO EN EL ORIGEN DEL CAPITALISMO INDUSTRIAL


El amanecer de una nueva época.

Sin duda se trataba del “amanecer de una nueva era” que tenía su génesis en los antecedentes desarrollados durante el s.XVIII en Inglaterra primero y en todo el continente europeo y norteamérica después. Hablamos a grosso modo de una transición desde una economía netamente agraria y estamental a una economía capitalista, comercial e industrial.

Ningún proceso social complejo y multilateral como la R.I. (Revolución Industrial) nace pués sin amplios antecedentes históricos y sociales. En el caso inglés podemos citar a título enunciativo y no exhaustivo, la fundación del Banco de Inglaterra en 1694 o las leyes de Reforma Agraria (enclosures) que ya en época tan temprana como 1700 estaba condicionando la supervivencia del colectivo de pequeños propietarios de tierra, propiciando con sus edictos una emigración forzada en muchos casos a los polos industriales que comenzaban a representar las ciudades. Si a todo esto añadimos la explosión tecnológica de nuevos inventos y la aplicación productiva de carbón, acero y fuerza hidráulica, ya tenemos un cóctel socioeconómico de primer nivel que posteriormente se desarrolla durante todo el s.XIX y XX.

La visión ética del trabajo bien hecho.

La implantación del nuevo sistema fabril y la precarización del concepto trabajo como obra integral que define a aquel que la realiza, no es tarea fácil, ni se produce en automático, existe resistencia y añoranza por el viejo orden y las tradiciones gremiales que ensalzan la obra bien hecha y el manejo de los tiempos y los medios por parte del operario, sobre todo determinados obreros especializados y artesanos, que terminan sucumbiendo a los nuevos ritmos o formando parte del nuevo empresariado comercial capitalista. No obstante hacemos hincapié en que el conjunto de la sociedad sigue anclada en los postulados y ritmos propios de la Sociedad Preindustrial de manera que a pesar de la oposición del Estado y de una obra legislativa que ataca los cimientos del sistema gremial, el espíritu artesanal y una determinada visión ética del trabajo bien hecho, sobrevive (en determinados oficios) con mínimos cambios hasta bien entrada la segunda década del s. XX.

La resistencia al cambio.

No se trata de una resistencia activa, organizada ni colectiva. Estamos en la primera etapa de la R.I. y por tanto las relaciones laborales se sustentan en valores del tipo respeto-obediencia, amo-criado, dominio-sumisión… en una palabra, a pesar de estar desdibujándose poco a poco, se trata aún de un sistema sumamente paternalista muy influenciado por la cultura y la sociedad rural.

Es pues un modelo de transición que se debate entre la tradición preindustrial y la industrialización capitalista. Como todo proceso de transición tiene una duración determinada al término de la cual las relaciones de tipo personal entre el obrero y el patrón se van diluyendo para dar paso a un extrañamiento de los aspectos personales y una dicotomía cada vez mayor entre empresarios y trabajadores.

El trabajador como portador de energía que se compra.

Sin embargo el gran factor de cambio social en el primer ciclo de la R.I. es sin duda la lógica del beneficio y la consideración del individuo como mero portador de energía que tiene un precio y que por tanto se cuantifica económicamente. Desde un punto de vista ideológico es este el poderoso paradigma que se impone a través del s. XVIII y XIX.

Es por tanto la cosificación del papel del individuo en el nuevo sistema, el pensamiento imperante que sostiene que má allá de la consideración humana en cuanto a experiencia, capacidad técnica o preparación profesional, se debe imponer la pura capacidad del individuo para liberar energía en forma de trabajo y sobre el cual tiene todo el poder el empresario que lo adquiere a un precio que, dadas las circunstancia del momento, era fijado unilateralmente por él.

Conclusión.

En líneas generales podemos decir que en esta primera fase temprana de la R.I. comienza la consolidación del sistema capitalista, (aunque no en todas las ramas de la producción ni con el mismo ritmo y profundidad) sobre la base de una masa laboral heterogénea manipulable, educada en la obediencia y la tradición del status quo clásico preindustrial.

Los elementos más destacados de la sociedad y la cultura del momento proponen soluciones paralelas, reformistas, cooperativistas o de asociacionismo como forma de paliar los efectos no deseados del nuevo sistema. Realmente en esta primera fase de la R.I. se trata de propuestas ideológicas que carecen de una visión de cambio global, para eso habrá que esperar al desarrollo de las organizaciones obreras de lucha características de la segunda etapa de la Revolución Industrial.

“Compartir para comunicar y aprender”

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