La transición política en España y la persistencia de la memoria histórica.


La historia jamás contada.

La clase política que comienza pilotando la Transición Política en 1976 se lanza a elaborar un amplio consenso entre la sociedad española sobre qué ha sido y qué ha significado la Dictadura de Franco en la Historia inmediata del país. Más que una explicación  basada en la verdad el embrión de sistema político que se está fraguando en aquellos años termina ofreciendo un relato consensuado y conveniente en el cual la Dictadura de Franco queda explicada, disimulada, casi caricaturizada.  

franco

Esta operación casi didáctica consistente en desdibujar  la trágica realidad que significó la Dictadura, fue una de las estrategias de mayor éxito llevadas a cabo por la clase política del momento. Consiguieron inocular en la opinión pública (recién estrenada) la sensación de que la Dictadura del General Franco no fue tan terrible y que se trató más bien de una dictablanda, una especie de régimen autárquico de carácter bonancible, al mando del cual se perpetuó a lo largo de 40 años un abuelete senil y malintencionado que no dejaba votar a los españoles.

La nueva verdad consistía en aleccionar a la ciudadanía asegurando que el pasado reciente consistía en un régimen “neutro” que impedía la modernidad del país pero que por lo demás te dejaba tranquilo  “si no te metías en política”. Esta obsesión por lograr el consenso a base de amnesia histórica y maquillaje ideológico se nutrió de  la necesidad del nuevo modelo político español de que los futuros votantes interiorizaran mensajes del tipo: “evitar de nuevo la  división entre hermanos” “acabar de una vez por todas, con las dos Españas” o “nunca más luchas fratricidas entre españoles”. 

Independientemente de la necesidad de cerrar heridas y superar el pasado, la realidad de la Dictadura de Franco, sin ser ocultada del todo, si que ha sido desdibujada para dos generaciones de españoles. Como siempre, las verdades a medias han sido las mentiras más eficaces.  Todo esfuerzo es poco para conseguir una especie de pseudo-ley de punto final encubierta y necesaria según sus impulsores, y que debía ser aceptada implícitamente por la sociedad española por el bien de todos.

De Washington a Madrid pasando por Bonn.

Volviendo a la etapa de la idealizada y sobrevalorada Transición Política, hoy es sabido por todos y reconocido por muchos de los protagonistas de la Transición, que muchos de ellos/as estaban más preocupados en ir y venir a las embajadas de EEUU y Alemania en Madrid que en ajustar cuentas con la Dictadura. Según cuentan los propios archivos desclasificados de EEUU, las embajadas de estos dos países eran dos referentes obligados para la nueva clase política española, que las visitaban de forma habitual, no se sabe, (aunque se intuye) si en busca de orientación, instrucciones, financiación, o de todo a la vez.

Hemos de tener muy en cuenta que el gobierno de Estados Unidos no quería que el proceso democrático en España tomara tintes ajenos a sus intereses. A nadie se le escapa a estas alturas las estrechas relaciones entre E. Kissinger y el entonces Príncipe Juan Carlos al que se supervisaba amablemente desde Washington.

Los EEUU  aún estaban sorprendidos por los problemas que les estaba causando para sus intereses en Europa la reciente Revolución de los Claveles en Portugal. EEUU no quería que el caso español tomara derroteros similares al portugués, sobre todo estando en juego intereses como la integración de España en la OTAN. 

En cuanto a Alemania, país que ya se adivinaba como el epicentro de la actual UE, todo el mundo sabía por aquel entonces de su influencia, asesoramiento y financiación al PSOE y a la UGT mediante la Fundación Ebert y la Internacional Socialista de Willy Brandt. La clase política española dedico grandes esfuerzos a buscar esos estándares de homologación en el concierto de los países de su entorno y muy poco tiempo en ajustar cuentas ideológicas y jurídicas con el Régimen de Franco.

Las líneas rojas de la transición.

Nada nos debe impedir sin embargo, reconocer y valorar los méritos innegables de una clase política que inició un difícil camino hacia las libertades públicas y la democracia en un país donde estaba todo por hacer. Es cierto que la crítica se antoja algo injusta cuando se produce con la tranquilad y la perspectiva que aporta el tiempo transcurrido. Los logros y el camino recorrido no son cuestionables y nadie duda de la dificultad y las limitaciones del momento histórico y sociológico en que se desarrolla la Transición Política Española.

Todos los procesos históricos tienen un entramado complejo por el que transitan las decisiones que se toman y las limitaciones que se imponen en cada momento. Aún así no podemos ignorar y dejar de reconocer que la Transición Política Española, tan modélica, tan del pueblo, tan pacífica y tan estudiada en las facultades de Ciencias Políticas, estaba encauzada, condicionada y rediseñada en sus parámetros generales. La incertidumbre y el riesgo eran relativos ya que se habían determinado desde el exterior de España las “líneas rojas” que no se debían cruzar, entre otras:

  • Imposición de la monarquía como forma de gobierno.
  • Unidad territorial del Estado.
  • Amnistía implícita para el aparato del franquismo.
  • Concordato con la Santa Sede.
  • Integración en la OTAN. 
  • Neutralización electoral del Partido Comunista de España.

El cambio político a llevar a cabo en el nuevo Estado Español quedaba así fuertemente determinado desde los centros de poder tanto en su nivel interno, bunker tardofranquista, como en su nivel externo, Estados Unidos y Alemania, ambas exponentes del status quo dominante en la geopolítica mundial cuando el Muro de Berlin aún tenía un peso fáctico importante.

La Memoria Histórica como valor democrático.

Por todo lo anterior no es de extrañar que muchos actores importantes de aquella etapa histórica de la Transición olvidaron rápidamente que el 27 de Septiembre de 1975 y a pesar de la presión internacional, aún se produjeron fusilamientos en España por el Régimen Franquista.

Interviu

Las ejecuciones se producen 20 meses antes de las primeras elecciones democráticas de 1977.

Este es el relato que hizo el párroco de la localidad de Hoyo de Manzanares: “Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó.”

No debemos fomentar esta especie de amnesia colectiva, nuestros jóvenes poco o nada saben sobre lo que fueron los Tribunales de Orden Público o la Brigada Político-Social. No saben tampoco nuestros jóvenes de la lucha de los sindicatos mineros en la España de los años cincuenta o lo que fue  el  maquis y como fueron cazados como alimañas en las montañas y las serranías de toda España  por las fuerzas del Régimen de Franco.

Existe aún en la sociedada española demasiados “tics” tardofranquistas  que han derivado en  un peligroso sentido patrimonialista del Estado por parte de la clase política y de una peligrosa sensación de impunidad.

Desvelar la verdadera naturaleza de la Dictadura Franquista con toda su crueldad e injusticias, ayudaría a la concienciación de todos los ciudadanos/as de que Democracia es mucho más que votar cada cuatro años. 

Nota:
La única licencia importante que la clase política española se permitió fuera de esas líneas rojas marcadas sobre todo por los EEUU, fue la legalización del PCE, con enfado monumental de Kissinger, pero con gran visión por parte de Adolfo Suarez, que además de dar una carácter más real y creíble a la Transición, permitió que en las elecciones de 1977 el voto de la izquierda se dividiera entre PSOE y PCE, y de paso ayudó a UGT a sentar las bases para imponerse a CCOO como fuerza sindical más influyente en el futuro más cercano.

 

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